Esquina de Veroes o de Verois

Esquina de Veroes o Verois

Esquina de Veroes o Verois

Esquina de Veroes

Veroes, Verois o Beroiz, es apellido vasco. Llegó a Venezuela mucho antes que la Compañía de Guipúzcoa. Los primeros   entraron por Coro, se establecio el sargento mayor alférez Antonio de Verois en 1682. 

El primer Verois caraqueño se llamó Don Nicolás Antonio, inscrito como porcionista en el Seminario de Santa Rosa en 1709. En Coro no había colegio superior, y como podemos ver, la familia fue ambiciosa en cuanto al futuro. En tiempos del obispo Valverde ya estaba definitivamente instalada en Caracas la familia Verois. José Antonio fue, primero alcalde de la hermandad, y procurador en 1739.

Se edificaron las casas del conde de San Javier y el convento de las Carmelitas, época de prosperidad de la Guipuzcoana. Habían hecho florecer los campos con los más diversos cultivos. Transformaron el aspecto geográfico y la economía de la provincia. Francisco y Pedro, miembros de la familia igualmente trabajadores, tenían sus casas en la esquina que se llamó  “de Verois”. Luego por el uso ha cambiado en Veroes.

La estirpe

La Compañía había fabricado su  edificio que es hoy el archivo General, y en la propia esquina de San Mauricio, hoy de Santa Capilla. El sólido  edificio que soportó todos los terremotos, fue demolido para fabricar la oficina de telégrafos. Sustituido por una apacible plazoleta. Pero Verois también fue procurador, en tiempos del gobernador Felipe Ricardos. El hombre que arrasó la casa de Juan Francisco de León frente a la plaza de la Candelaria, la regó de sal y puso una columna donde estuvo la pared del frente, con una placa de metal en la que se llamaba traidor al Rey.

Los vascongada continuaron sus actividades agrícolas aún después de extinguida la Compañía Guipuzcoana, pues José Antonio Verois. El escendiente del procurador, sacaba azúcar y papelón de sus trapiches de Guarenas y Guatire, a fines del siglo XVIII; y en tal cantidad, que cubría las demandas de la zona y le sobraba para exportar.

Durante el siglo pasado la esquina de Veroes fue centro de gran actividad. En el ángulo sureste, donde se halla hoy el edificio América, tuvo su casa el líder liberal Antonio Leocadio Guzmán. Fue en esta mansión donde se alojó su hijo, el general Antonio Guzmán Blanco. Entró triunfante a la cabeza de sus tropas el 15 de junio de 1863, en una Caracas profusamente adornada de banderas amarillas.

Tremendo Susto

En aquél entonces vivía en casa de dos pisos, de padre Sierra a Conde, la familia Rohl, progenitora de ilustres talentos caraqueños. Durante el desfile federal, el niño Rohl se hizo protagonista involuntario de un incidente que ha podido pasar a mayores. Asomado al balcón contemplaba el paso de las tropas vencedoras que agitaban sus pabellones amarillos y daban vivas a Guzmán, cuando de pronto notan, soldados y oficiales, que el niño de apenas siete años llevaba puesto un gorro rojo, distintivo de los godos opositores. En seguida se agita la tropa y pide a grito que desaparezca el símbolo de los odiados opositores; la cuidadora obedece en seguida, retirando de la cabeza del niño el gorro en disputa, pero la madre del muchacho, doña Inés Avendaño de Rohl, goda irreconciliable, con orgullosa entereza, desafía a la soldadesca volviéndoselo a poner.

Perdido el control ataca la tropa a la casona y llueven culatazos sobre el antiguo y sólido portón, cuando Guzmán, que ya había llegado a la esquina de Principal, da vuelta a su brioso caballo, calma con enérgico mando a los revoltosos y saludando militarmente al alarmado grupo del balcón, hace proseguir la parada. Al día siguiente, un edecán conduce al niño desde su casa a la de Guzmán, en la esquina de Veroes, donde en lugar de regaños recibió palabras amistosas del caudillo vencedor y un regalo muy simbólico:un canario amarillo.

 

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Texto e Ilustración: Jorge Rivas @donrefran

 

 

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